Alberto Cabrera Bernal - Cada cuatro fotogramas (2009)

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Cada cuatro fotogramas - Alberto Cabrera Bernal (2009) Cada Cuatro Fotogramas (Every four frames)
Super 8
Color/B&W
Sonido (stereo)
1.18 min 2009
Esta película es el resultado de perforar el medio físico de metraje de archivo seleccionado siguiendo un único patrón, cada cuatro fotogramas, haciendo que aparezcan los agujeros en la pantalla a intervalos regurlares. El rollo de Super8 perforado de manera contínua consigue añadir un valor objetual al film, dando la sensación, al mismo tiempo, de hallarse ante una escultura

Cada cuatro fotogramas ha sido editado en Super8, sin ayuda de ningún software de edición digital. Este telecine es una transcripción exacta de la edición original.

Para ver el film correctamente, deje que se cargue antes en su totalidad.

Afrontar la elaboración de una película agujereándola o perforándola cada cuatro fotogramas, corrompiendo su cuerpo (en este caso, los rollos de Súper 8 sobre los que se ha trabajado), podría hacernos pensar inicialmente en el deseo de ejecutarla, de practicar su exterminio, negándola en un ejercicio de contradicción entre las percusiones de un sacabocados, herramienta empleada en su producción. Sin embargo, Cada cuatro fotogramas no concierne sólo a derrumbes intuidos, ni siquiera su identidad esencial es agresora, pues ofrece elementos propositivos que nos hacen pensar en que detrás de ese velo de desgastes de la imagen, de profanaciones sucesivas y de hostilidad, topamos con un sedimento de intenciones que nos hablan exactamente de lo contrario: estructuras bien ensambladas, empalmes calculados, sentido espacial y temporal en su composición; estamos, entonces, ante arremetidas en positivo que nos discuten la primera idea que pudimos hacernos de ella.

Cada cuatro fotogramas se abre con unos policías recogiendo del suelo a un hombre, y se cierra con su desplome, justo antes de ser levantado. Este montaje parece atender a un método, más bien esbozado que continuado disciplinadamente, pero que opera igual sobre varias de las escenas escogidas. Vemos fragmentos de distinto origen que se nos enseñan fracturados, partidos por su mitad: alguien salta de un tejado a otro, ofreciéndose primero su caída, y después, al cabo de nuevas imágenes, volvemos sobre esa misma escena asistiendo al momento previo cuando el hombre se impulsó. Son círculos rotos y descosidos que forman intermitencias, reforzando el carácter estructural de la película. Los agujeros vertebran y puntean los séis o siete metros de Súper 8 que forman la bobina y establecen pautas tanto espaciales como temporales: cada cuatro fotogramas damos con una perforación en el rollo, y cada cuatro fotogramas la proyección iluminará un agujero en la pantalla.

 

No es exacto decir a secas que hace acopio de found footage sin apuntalar la expresión, porque si bien son material encontrado las imágenes que emplea, se advierte nítidamente la selección escrupulosa de aquellos fragmentos que se escamotearon a sus contextos originales -apenas hay resquicios para el azar, las imágenes se entrelazan con una lógica bien armada y la sensación que nos queda después de verla repetidamente (el metraje del filme nos facilita esta posibilidad) es granítica, sin lugar para lo fortuito-. Quizás convenga decir que por encontrado debemos entender, también, no sólo aparecido o hallado, sino además acogido, metabolizado después de su descubrimiento, incorporado con exactitud a la red de imágenes que formarán la película.

El área donde la situamos comparte celdas con obras de otros géneros: por ejemplo, las intervenciones de Gordon Matta-Clark, los cortes que introdujo en diversos edificios, y muy concretamente, por la similitud de las formas, pensamos en Conical Intersect -sabemos que Alberto Cabrera Bernal tuvo presentes esos vaciados que desvelaban el interior de los espacios que asedió Matta-Clark-. Notamos que incluso se comparten estrategias, porque la elaboración de esta película sale fundamentalmente de aplicar tareas de desescombro y de extracción de materiales (visuales) sobre las bobinas de origen que acumulaban imágenes diversas. El ojo trabaja entonces como una bola de demolición, en negativo, diciendo esto fuera, esto no, para después rescatar de ese holocausto visual lo imprescindible. Matta-Clark no hurgaba en películas de Súper 8 porque sus brechas las abría en el interior de edificios abandonados, tumbando tabiques y horadando suelos y techos. Sus derribos no eran fílmicos. Conical Intersect y Cada cuatro fotogramas se rozan muy de cerca, comprobando de nuevo cómo se entrecruzan los géneros desbordándose sus límites canónicos, porque esta película aloja asimismo connotaciones escultóricas, no es sólo un producto audiovisual: sólo hay que ver el rollo agujereado.

Nada pues sobra en el minuto y pico de cine que tenemos por delante, y decimos cine porque el material utilizado atañe directamente al mapa fílmico, a su historia más o menos emblemática: veremos imágenes perforadas, tiroteadas de la Paramount, de Marilyn Monroe, de la Twentieth Century Fox, de James Stewart, etc; también sufre el choque de la embestida ese otro material que guardan las rollos de cualquier película: las colas y los créditos no consiguen esquivar la censura del sacabocados.

- Vera Maenza